Septiembre once



SEPTIEMBRE ONCE



-- Juro que pagarán muy caro lo que han hecho…  No habrá lugar alguno donde puedan esconderse, ni siquiera debajo de la tierra, pues allí llegaré y los cazaré como bestias inmundas…  Atreverse! … por todos los cielos! a profanar mi casa, a destruir vilmente tan costoso tesoro-- vociferaba airado por toda la casa  a su esposa y su hija, mientras por la televisión mostraban una y otra vez las imágenes de los aviones estrellándose contra las torres-- 

-- Me tildan de agresivo y hasta de opresor, quién no ante semejante provocación.  Esta misma noche sentirán el peso de la venganza, no tendré piedad alguna, desearán no haber nacido—sentenció.


 Y en efecto, esa misma noche esparció el veneno en los rincones de la casa, cumpliendo su palabra.  Por la mañana,  muy temprano, varios roedores yacían agónicos.  El raticidio estaba consumado.  Había vengado el daño hecho a sus nuevos zapatos en cuero de ciento ochenta dólares.

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