CELOS
CELOS
Sorprenderé
a Alice… hoy es nuestro aniversario de bodas y a ella debo quince años de gran
felicidad- cavilaba emocionado mientras conducía a casa- siento por ella un
inmenso amor, invariable desde aquel afortunado día en que le conocí. Es, sin duda, un gran ser- concluyó dos
cuadras antes de llegar.
Las
luces públicas ya se encendían y la brisa helada obligaba a los pequeños que aún
jugaban en la calle a guarecerse. El
automóvil rojo que aparcaba justo en frente de su casa despertó su
molestia. – Maldición!, - exclamó. Parqueó detrás y se aseguró de sacar del
maletero del auto las flores esmeradamente ataviadas.
L
a figura de su esposa a contra luz por la ventana, recibiendo un ligero abrazo
de una sombra incógnita lo dejó petrificado de pies a cabeza, más frio que la
nieve que caía menuda sobre su gabán. –
Debí imaginarlo… hace días la notaba algo distante- murmuró para sí, mientras
intentaba despegar sus pies del piso- Es una mal nacida, ¡hija de perra!… al
fin y al cabo todo son iguales-.
Se
abalanzó con arrojo hasta la puerta intentando dejarla en evidencia. Estaba abierta. – Mi amor, estás ahí- acompañado con una
dulce sonrisa, balbuceó la esposa- el señor Smith ha venido a hacer entrega
oficial del auto que ganamos en el Mall, inaugurado el mes pasado, gracias a la
compra que hicimos, ¿No es grandioso?- preguntó mientras se acercaba para
abrazarlo. El solo pensó en las flores
que había hecho trizas, pisoteándolas, en el ante jardín.
Domingo
Espitia P.
Lorica,
octubre de 2.010.
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a: dynfever@gmail.com
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